miércoles, 19 de mayo de 2010

Palabras del Dr. Roberto Edemiro Porcel con motivo de los festejos del Bicentenario de la Revolución de Mayo


Palabras del Presidente de la Mesa del Senado del Jockey Club, Dr. Roberto Edelmiro Porcel, en la comida del 6 de mayo del 2.010, de adhesión a los festejos del Bicentenario.-

Nuevamente, en este festejo de nuestro Bicentenario, la celebración de la fecha de la Patria nos encuentra reunidos con los Patricios, Regimiento que tuvo un rol principal y decisivo, en la incruenta Revolución de Mayo.-

En realidad, España, a partir de Carlos II, demostraba continuamente sus falencias para defender el Río de la Plata, cuando no su desinterés por territorios del mismo.-

Cuando los portugueses se establecieron sobre el estuario, en la Colonia de Sacramento, en 1680, y el gobernador José de Garros los venció y expulsó, fue la temerosa Corte de Madrid la que ordenó que se les devolviera.-

Fernando VI, casado con una Braganza, cedió graciosamente a Portugal en 1750, por el tratado de Madrid, los territorios de las siete misiones orientales, es decir las tierras situadas entre la costa este del Río Uruguay y el océano Atlántico y por el sur, desde un poco más al norte de Maldonado.-

Fue más lejos aún.- Los guaraníes de las misiones no aceptaron someterse a Portugal y se defendieron, no permitiendo la entrada de los portugueses.- Mandó entonces el rey las tropas de Buenos Aires, al mando del gobernado Andonaegui, para que los sometieran y entregaran los territorios cedidos a Portugal.- Fue la famosa guerra guaranítica que se prolongó hasta 1756, producto del tratado de límites de Madrid.-

Cuando Cevallos fue gobernador de Buenos Aires, Carlos III anuló el tratado.- Ceballos recuperó la Colonia, donde venció también a una flota inglesa que trató de apoyar a Portugal, recuperó los fuertes de Santa Teresa y San Miguel y llegó hasta el Río Grande.-

Pero su campaña de poco sirvió.- España se adhirió al tratado de París de 1763 y le ordenó nuevamente devolver únicamente Colonia a Portugal.-

Los Portugueses no cumplieron el tratado, y usurparon la costa norte del Río Grande, intentando avanzar, pero el gobernador Bucarelli estaba más ocupado en 1767 de echar a los Jesuitas que de defender el Río Grande.-

Su sucesor, el gobernador Vertiz, realizó una excelente campaña militar ocupando el puerto de Santa Tecla, donde se enteró que desde Río mandaban una fuerte expedición militar para tomar el Río Grande, lo que Portugal logró recién en 1776.-

Vertiz sólo pudo hacerse fuerte en San Miguel y Santa Teresa para evitar que siguieran adelante.-

Cuando Cevallos, el primer Virrey, llegó al Río de la Plata ese mismo año de 1776 con 9.000 soldados, 96 buques mercantes y 20 navíos de guerra para recuperar Colonia de Sacramento y Río Grande del Sur, recibió orden de frenar su empuje y conformarse con la ocupación de la Colonia.- España firmó el tratado preliminar de límites de 1.777.-

Vemos por consiguiente que nuestros territorios eran vastos, nuestras defensas precarias, el apoyo de España escaso o nulo y que se priorizaban siempre los intereses de la península sobre los del Río de la Plata.-

Volvamos atrás.- Por la Real Ordenanza de 1771, se estableció el Fijo de Buenos Aires.- Lo formaban tropas veteranas de españoles peninsulares, un Regimiento de Infantería, con 1.400 plazas, uno de Dragones, con 650 y una compañía de artillería con 100 soldados, que tenían la misión de defender el territorio contra las ambiciones portuguesas e inglesas, contra los corsarios ingleses, holandeses y franceses.- Entiéndase.- No defender solo a Buenos Aires, defender el Virreinato.-

En 1774 se reforzaron estas fuerzas por las graves razones antedichas.- La infantería primero fue traida de Galicia, la reemplazó el regimiento de Saboya, posteriormente el de Extremadura, el de Burgos y así sucesivamente.- Otro tanto ocurría con los Dragones.-

Pero este sistema de relevos periódicos (cada dos años), fracasó totalmente.- El traslado demandaba mucho tiempo -tres meses de navegación- y producía bajas en el viaje, deserciones al llegar, y necesidad de aclimatación de la tropa.- Súmese a esto la necesidad de sus traslados al interior, como ocurrió en 1781 con el levantamiento de Tupac Amaru.-

Es verdad que se había creado en Santa Fe, Buenos Aires y Montevideo, el cuerpo de Blandengues, con 1600 hombres, que tenía infantería y caballería.- Pero su misión era otra, de la que no podían ser distraidos.- Cuidar la frontera del indio.-

Vertiz estableció para frenarlos una frontera con fortificaciones.- Constaba de seis fuertes en Chascomús, Ranchos, Monte, Lujan, Salto, y Rojas, con 100 hombres en cada uno y cinco fortines con 17 soldados en Lobos, Navarro, Areco, Mercedes y Melincué.- Pero estos fuertes y fortines no eran tales, sino un rancherío para cuarteles con un mangrullo, rodeados simplemente por un cerco de “palo a pique”, ya que se entendía que los indios carecían de armas de fuego y la misión de los soldados era salirles al cruce a la ida o vuelta, para enfrentarlos a campo abierto.-

Sí eran verdaderos fuertes los que quedaron en la ruta de los portugueses por el Atlántico, Santa Teresa y San Miguel.-

Montevideo, el puerto de aguas profundas más importante del Virreinato, aunque con muchos defectos, era una verdadera ciudad amurallada.-

Pero el fuerte de Buenos Aires no servía más que para cuartel, asiento del Virrey, de la Real Audiencia y la Real Hacienda, pero no para defender la ciudad.- Buenos Aires especulaba con la poca profundidad del río, que hacía casi imposible un bombardeo por naves poderosas.- Además desde él, no se podía cañonear hacia el interior, donde estaba la ciudad como freno de sus tiros.-

El fijo estaba mal armado, mal equipado, con sus hombres mal pagos, con escasa munición, mal uniformado, sin buena caballada.-

Se recurrió a las milicias para fortificarlo, pero no había oficiales para instruirlas.- Además sus practicas eran escasas y su preparación y armamentos malo.-

¿Podía entonces España, con una Inglaterra dueña de los mares, prestar socorros al Virreinato apetecido por ella y por Portugal?.- Por supuesto que no.-

Según un censo que efectuó Sobremonte en 1804, en el Río de la Plata debía haber 4.400 soldados veteranos.-Solo contó 2.050 y de ellos muchos en el interior.-

Así nos sorprendió la primera invasión inglesa.- Ya cuando España en 1805 entró en guerra con Inglaterra, a raíz del injustificable hundimiento en plena paz de la Mercedes y apresamiento de las otras tres fragatas procedentes de Buenos Aires, frente al puerto de Cádiz, Sobremonte previno al monarca que el Río de la Plata no estaba en condiciones para defenderse con éxito de una invasión de los ingleses.-

Corría el mes de septiembre del año 1806.- Don Santiago de Liniers, designado comandante militar y político de esta plaza, tenía plena conciencia de que los Británicos, que no habían abandonado el Río de la Plata después de rendirse en Buenos Aires el 12 de agosto de 1806, intentarían invadirnos nuevamente.-

Por lo ya visto, había que descartar cualquier tipo de ayuda proveniente de la península.- No quedaba por consiguiente otra solución, que crear cuerpos de ejército para poder enfrentarlos y entre ellos regimientos de criollos, mal que le pesara a España.- Téngase presente que incluso hasta el reinado de Carlos IV, los hijos de oficiales españoles nacidos en territorio americano, no podían instruirse en la madre patria como oficiales en el arte de la guerra.-

La necesidad hizo que naciera la Legión de Patricios Voluntarios de Buenos Aires, integrada por porteños y conjuntamente con ella otros cuerpos también formados con españoles americanos.-

El 6 de septiembre de 1806, reunida la juventud porteña que integraría su oficialidad en el Consulado de Buenos Aires, don Cornelio Judas Tadeo Saavedra fue designado para comandarla.- Además fue nombrado Jefe de uno de sus tres batallones.- Los otros quedaron a cargo del comandante don Esteban Romero y del comandante Domingo Urien respectivamente.-

Sin que ellos lo supieran, pocos días más tarde, al formarse el cuerpo con 1.595 plazas, nacía para la historia el ejército de la futura patria.-

En octubre de ese año, un decreto del Virrey marqués Rafael de Sobremonte, ratificaba a Saavedra como comandante de dicha Legión y le confería el grado de teniente coronel.-

Derrotados definitivamente los ingleses en 1.807, los cuerpos y/o tercios subsistieron por necesidad, en la seguridad de que los Británicos reintentarían la fracasada conquista o la intentarían los portugueses que también apetecían estas tierras.-

Pero los españoles peninsulares desconfiaban de los cuerpos integrados por criollos, y en forma reiterada, so pretexto de que hacían falta para la agricultura, y trabajos artesanales, tarea que ellos no realizaban, solicitaron sin éxito a Liniers su disolución.-

Don Francisco Javier de Elio, gobernador de Montevideo, donde el poder peninsular era más fuerte del que podían ejercer en Buenos Aires, se levantó contra Liniers, cuya autoridad desconoció, y creó una Junta de Gobierno similar a las de España, poniéndola bajo la dependencia directa de la de la Junta de Galicia.-

Los españoles peninsulares de Buenos Aires, a cuya cabeza estaba don Martín de Alzaga y el obispo Benito de Lué y Riega, comenzaron a conspirar, para derrocar a Liniers y establecer una Junta integrada solo por “Españoles Peninsulares”.-

Pretextaron para ello que Liniers era francés, estando España enfrentada a Francia y el casamiento de su hija Carmen Liniers Sarratea con don Juan Perichón, que aunque siempre desde niño había residido en Buenos Aires, era por nacimiento también francés.-

La conspiración se hizo pública.- Los peninsulares se reunían para prepararla noche a noche, en la casa de los capitulares, de Alzaga, de Villanueva, de Santa Coloma, de Leyva, o en la residencia episcopal.-

Poniendo en marcha la sedición, los cabildantes se presentaron el 31 de diciembre a la media noche en la casa particular del Regente de la Audiencia, pidiéndole confirmara a los nuevos integrantes del Cabildo designados por ellos, por considerar que la autoridad de Liniers había caducado, como consecuencia del casamiento de su hija.-

La Audiencia, convocada de urgencia, resolvió que la autoridad del virrey seguía plenamente vigente y que era él quien debía ratificar a los nuevos cabildantes.-

Alzaga y los suyos decidieron entonces esa madrugada del 1º de enero de 1809, fecha en que correspondía proceder al cambio de los cabildantes, poner en marcha su movimiento sedicioso.-

Liniers fue anoticiado de lo que estaba ocurriendo por Saavedra y los jefes militares que le respondían, don Gerardo Esteve y Llach, don Pedro Andrés García, don Francisco Ortiz y Ocampo y don Martín Rodríguez.-

El día anterior al de estos sucesos, los españoles peninsulares, para asegurarse el resultado, repartieron entre los jefes de los regimientos complotados, los cuerpos de Gallegos, Vizcaínos y Catalanes, cartuchos y balas para toda su tropa y los ex integrantes de dichos cuerpos.-

Por su parte, los criollos partidarios de mantener al virrey Liniers, se convocaron en sus cuarteles a las seis de la mañana del día 1º.-

Fracasado el primer intento de desubicar al Virrey, don Esteban Villanueva, mano derecha de Alzaga, pidió Junta a los gritos en la plaza.-

Como estaba programado, entraron entonces a la Plaza de la Victoria, tocando generala y al son de sus tambores, los cuerpos peninsulares de Catalanes, Vizcaínos y Gallegos, formando en orden de combate frente a las casas capitulares, ubicándose en la torre del cabildo y cubriendo con sus guardias las cuatro bocacalles de acceso, de modo tal de tener el control de ingreso a la plaza.-

Saavedra entró entonces con un batallón de Patricios al fuerte, por la puerta de Socorro y cubrió todos sus puestos defensivos.-

Contestó a una diputación del cabildo que fue a invitarlo a plegarse, que él no reconocía más autoridad que la del virrey.-

Pero además dejó dos batallones de Patricios en armas en su cuartel e instruyó a Ortiz de Ocampo, que estaba con sus Arribeños en “La Merced”, que ocupara la “Casa de Mistos”, ubicada frente al convento de las Catalinas, y el Parque de Artillería, lo que éste hizo con premura y tan a punto, que cuando Jacobo Adrián Varela (Segundo Jefe del Cuerpo de Gallegos) quiso ir a ocupar la Casa de Mistos con sus Granaderos, tuvo que desistir de su intento y volver a la plaza.-

Cuando José de Fornaguera, coronel graduado, también peninsular, intentó con cien hombres tomar el Parque de Artillería, el comandante don Gerardo Jaques se lo impidió.-

Cuando el obispo Lué y Riega, que estaba en la Sala Capitular, marchó al fuerte, pudo constatar que éste estaba bajo el dominio de los Patricios.- Se ofreció entonces como intermediario de las partes, para tratar de arribar a una solución sin derramamiento de sangre.-

Solicitó a Liniers y a Saavedra con tono de súplica, que los Patricios volvieran a su cuartel para evitar comprometer al pueblo en un entredicho sangriento, comprometiéndose a su vez que si así lo hacían, todo terminaría. -

Saavedra aceptando el trato le manifestó:
“Ilustrísima, he de salir no por la puerta del socorro, sino por la del Fuerte, y por la plaza me he de dirigir al cuartel y en él he de esperar órdenes de S.E. (Liniers), caso que las tropas formadas en la plaza no la dejen desembarazada y permanezcan con ella”.-

Lué a su vez, se dirigió al cabildo, a comunicar a los demás conjurados lo convenido.-

Saavedra con los Patricios encolumnados y con las armas en la mano listas para defenderse si eran atacados, se dirigió a su cuartel, uniéndosele en su marcha, los Montañeses y los Artilleros de la Unión.-

Además los Húsares, en Retiro y los Pardos y Morenos en Monserrat, estaban sobre las armas, listos para apoyar a Saavedra.-

Lué y los españoles peninsulares no cumplieron el acuerdo.- Las tropas de Gallegos, Vizcaínos y Catalanes permanecieron en la plaza en formación de combate mientras ellos eligieron a los integrantes de una Junta de Gobierno, en la que como ya he dicho no figuraba ningún criollo.- Una vez designada fue transcripta el acta en los libros capitulares y sus integrantes se trasladaron al fuerte a exigir la renuncia del virrey, acompañados del obispo, los oidores, los miembros del tribunal de cuentas y algunos vecinos.-

Eran en total unas veintiocho personas las que ingresaron para presionar a Liniers, diciéndole que esa era la voluntad del pueblo, que ellos representaban y que ya estaba todo convenido.-

Saavedra, sabedor de lo que estaba ocurriendo, decidió entonces marchar con las tropas a la plaza, en pie de guerra.-

Lo hizo no solo con los Patricios, que marcharon al frente, sino también con los Montañeses, los Arribeños, los Pardos y Morenos, los Húsares, los artilleros de la Unión y los carabineros de Rivadavia.-

El iba a la cabeza, acompañado por Martín Rodríguez.- Cada batallón marchaba con su jefe al frente, desplegando sus columnas en batalla sobre la recova, con ocho piezas de artillería que de inmediato se montaron.- El cuerpo de Andaluces, que había permanecido hasta ese momento en sus cuarteles, salió de los mismos para formar junto con los leales reforzando el ala derecha.-

Así, dejando a las tropas enfrentadas, delegó Saavedra el mando provisoriamente en Juan José Viamonte, sargento mayor de Patricios, para dirigirse en compañía de los demás jefes de cuerpos a la fortaleza.-

Entraron al salón cuando el escribano del cabildo ya estaba en la tarea de labrar el acta de renuncia de Liniers.- Al verlos, el obispo Lué, evidentemente muy nervioso, fue el que entre los presentes tomó la palabra y dijo:

“Señor comandante, demos gracias a Dios; ya todo está concluido. - S.E. ama mucho a este pueblo y no quiere exponerlo a que por su causa se derrame sangre en él. –Ya ha convenido en abdicar el mando y se está extendiendo el acta de esta abdicación”.-

La respuesta de Saavedra fue tajante: “Señor ilustrísimo, ni yo ni mis compañeros hemos causado esta revolución; los autores de ellas y sus cooperadores serán los que desean la efusión de sangre; he dicho y vuelvo a repetir que no hay causa justa que cohoneste la violencia que se hace a este señor”.-

Lué insistió: “Señor comandante, por Dios, el pueblo no quiere que continúe mandando S.E.”-

Saavedra contestó: “Esa, señor ilustrísimo, es una de las muchas falsedades que se hacen jugar en esta comedia; en prueba de ello, venga señor Liniers con nosotros, preséntese al pueblo, y si éste lo rechazase o dijese no querer su continuación en el mando, yo y mis compañeros suscribiremos el acta de su destitución”.-

Saavedra tomo del brazo a Liniers diciéndole: “Vamos, señor, preséntese V.E. al publico y oiga de su boca cual es su voluntad; la noche se acerca y es conveniente quede esto disipado antes que sus sombras nos cubran”.-

Saavedra salió entonces con Liniers a la Plaza, donde las tropas y el pueblo que ya había podido ingresar lo
escucharon y vieron, empezaron a gritar: “¡Viva don Santiago Liniers!, no queremos ni consentimos en que deje de mandar”.-

Viendo lo que ocurría, los sediciosos, el escribano y el obispo se retiraron rápidamente del fuerte.-

Liniers le ordenó a Saavedra desarmar a los regimientos peninsulares, que se mantenían en formación, usando de las armas si era necesario, tarea que realizaron de inmediato las tropas leales, intimándoles de viva voz previamente dos veces rendición-

No fue necesario usar la fuerza.- Los integrantes de los cuerpos peninsulares arrojaron sus armas al suelo o se las entregaron a las tropas leales, retirándose presurosos a su casas, sin pasar siquiera por sus cuarteles.-

Desde ese día, los españoles peninsulares no tuvieron más jefes, tropas, armas, banderas ni cuarteles.-

A la noche, ya todo era quietud en la ciudad.- Mayo, un año y medio más tarde sería una revolución incruenta, decidida por Saavedra, comandante de Patricios y de todas las tropas criollas, el día 18 , cuando mandado llamar -estaba en San Isidro- contestó a la consulta de los patriotas sobre si debían actuar:

“Señores, ahora digo yo que no solo es tiempo, sino que no se debe perder una sola hora de tiempo”.-

Y el día veinte, al ser convocado por el Virrey Cisneros con los demás jefes militares, para preguntarles: “Señores, están resueltos a sostenerme en el mando como lo hicieron el 1º de enero de 1809 con Liniers”.-

Saavedra le respondió: “Señor. Son muy diversas las épocas del 1º de enero de 1809 y mayo de 1810, en que nos hallamos.-- No queremos seguir la suerte de España, ni ser dominados por los francesas.- Hemos resuelto reasumir nuestros derechos y conservarnos por nosotros mismos.- El que a V.E. dio la autoridad para mandarnos ya no existe, por consiguiente V.E. tampoco la tiene ya.- Así que no cuente con las fuerzas de mi mando para sostenerse en el”.-

Aun no se había reunido el Cabildo abierto del 22 de Mayo, pero ya el triunfo de la revolución era un hecho indiscutido, que se concretaría recién el día 25, con la creación de la Primera Junta de Gobierno, presidida por Saavedra, como jefe militar del movimiento.-

Señores, con estos antecedentes me permito afirmar ante sus actuales jefes, que el Regimiento de Infantería 1 “Patricios”, fue como ellos sostienen, “La Espada de Mayo”, que empuño don Cornelio Saavedra para darnos la patria.- A partir de ese momento, siempre que fue necesario dio su sangre por la misma.-

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